jueves 14 de febrero de 2008
Mi vieja almohada
Aquella vieja almohada parecía haber enfermado. No daba respuesta a mis consultas. Desde que mi mujer me había abandonado era mi única confidente. Era la que aguantaba el peso de mis pensamientos. La que soportaba mis largas noches en vela. Mi depresión no me dejaba ver lo que realmente ocurría. La llevé al doctor Mabe. Le consulte el por qué de su silencio. Pensaba que si mi almohada ahora ya no me contestaba era porque tenía un problema de oído. Tras examinarla exhaustivamente el doctor me comentó que la almohada escuchaba muy bien. Que el problema era otro. Lo que le pasaba era que había caído en una gran depresión. Cambié de almohada para aliviar mis males. Pero seguía sin dormir. Ahora, era esa almohadita deprimida la que me quitaba el sueño.
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