Interesados, la puerta está abierta.
Allá en lo más alto, acumulando pátinas de polvo en el desván de mi memoria, inspirados entre vapores de naftalina, hoy insisten en salir a morder la luz. Son mis relatos.
comparto piso de 14,5 cm2
Algunos ya lo hacéis desde hace algo más de un año. Si tú eres un primerizo y quieres compartir mil y una historias te ofrezco morada en el ala derecha de este pequeño ático. Un hueco en la habitación donde descansa la creatividad, la intuición y la holística. No se cobra renta alguna. Lo único que te voy a pedir es que mantengas las luces siempre encendidas. No son muchos los centímetros pero crepitarán en su interior grandes micro historias.
El boli de los huevos de oro

Un buen día decidí probar aquel boli obeso del que tantos escritores me habían hablado. Tenía la capacidad de devorar el espacio en blanco. Parecía hospedar un escritor en sus entrañas. Lo único que necesitaba era un papel y alguien con ganas de escribir. De él salían los cuentos más bellos y originales.
Yo nunca había tenido éxito como cuentista. Aquello era un manantial creativo sin fin. Empezaron a galardonar mis escritos. El ego y la ambición pudieron conmigo. Decidí exprimir al máximo e intentarlo con una novela. Acabamos extenuados. En la página cien el bolígrafo obeso dijo basta. Tornó su tinta negra en roja, se derramó por toda la página. Se oyó un suspiro desde su interior. Acerque mi oído al boli y entre aplausos de vidrios rotos puede escuchar, yo no soy Cortazar.
Mi vieja almohada
Aquella vieja almohada parecía haber enfermado. No daba respuesta a mis consultas. Desde que mi mujer me había abandonado era mi única confidente. Era la que aguantaba el peso de mis pensamientos. La que soportaba mis largas noches en vela. Mi depresión no me dejaba ver lo que realmente ocurría. La llevé al doctor Mabe. Le consulte el por qué de su silencio. Pensaba que si mi almohada ahora ya no me contestaba era porque tenía un problema de oído. Tras examinarla exhaustivamente el doctor me comentó que la almohada escuchaba muy bien. Que el problema era otro. Lo que le pasaba era que había caído en una gran depresión. Cambié de almohada para aliviar mis males. Pero seguía sin dormir. Ahora, era esa almohadita deprimida la que me quitaba el sueño.
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Esta semana te cuento
- "Funnes el memorioso" J. Borges
- "El barco de los adioses" P. Neruda
- "Alegría del cronocopio" J. Cortazar
- "Splassshf " Quim Monzó
- "Fábulas de la oveja negra" Augusto Monterroso
